Redacción Magia, Amor y Pasión
Hay una edad, cercana a los 50, en la que muchas mujeres experimentamos un segundo nacimiento. Es un despertar vibrante, una urgencia por recuperar el tiempo y darle un sentido real a nuestra existencia. Sin embargo, a menudo este despertar ocurre dentro de una estructura que parece haberse detenido en el tiempo. Miras a tu lado y te encuentras con una realidad «multisabor»: tú quieres volar, pero habitas un hogar donde la rutina se ha vuelto ley, donde la economía aprieta y donde la pareja parece haber colgado los guantes del entusiasmo hace mucho tiempo.A esto se suma, con frecuencia, la responsabilidad de una crianza que aún no termina. Tener un hijo adolescente en medio de este desajuste de propósitos es como intentar mantener el equilibrio en una cuerda floja mientras sopla un vendaval. ¿Cómo se gestiona el propio crecimiento cuando el entorno se siente como un ancla?
La realidad detrás de la máscara familiar
Muchas parejas en la madurez no se mantienen unidas por una pasión renovada, sino por una logística compartida: el bienestar de los hijos, la estabilidad financiera o el simple miedo a la incertidumbre. Es lo que llamamos una «tregua de convivencia». No es falta de amor, es una desconexión de propósitos de vida.
¿Cómo habitar este espacio sin apagarte?
Diferencia tu proceso del suyo: Tu evolución es tu responsabilidad soberana. Que tu compañero haya decidido dejar de florecer es su elección, pero no tiene por qué ser tu sentencia. Puedes seguir creciendo, estudiando y sanando, incluso si él prefiere el silencio del sofá.
La crianza como espejo, no como excusa: Un hijo de 12 o 13 años lo siente todo. Más que una familia «perfecta» de fachada, necesita ver a una madre que se respeta a sí misma. Enseñarle que la madurez no es sinónimo de rendición es el mejor legado que puedes dejarle.
Gestiona la realidad con honestidad: Si la economía o los compromisos familiares te exigen quedarte, hazlo desde la consciencia, no desde la victimización. Convierte tu hogar en tu laboratorio de paciencia y sabiduría mientras construyes tu propia independencia emocional.
El consejo de la Mujer Medicina
Como bien dice el terapeuta Joan Garriga en sus enseñanzas sobre el orden del amor: «El buen amor es el que nos permite ser nosotros mismos sin miedo». Si la relación ya no es un motor para tu alma, asegúrate de que al menos no sea una jaula. La madurez es el momento de auditar tus creencias y entender que tu felicidad no es un pastel que otro debe cocinar para ti.
Recomendaciones para profundizar (Fuentes de sabiduría)
Si este artículo ha resonado en tu interior, te sugerimos explorar la visión de estos autores que han tratado con maestría la complejidad de los vínculos y el crecimiento personal en la etapa de madurez:
- «El dilema de la pareja» de Esther Perel: Una obra esencial para entender cómo la seguridad y la rutina pueden asfixiar el deseo, y cómo es posible renegociar la pasión después de décadas de convivencia.
- «En el enjambre» de Byung-Chul Han: Sus reflexiones sobre la «crisis de la presencia» ayudan a entender por qué hoy nos sentimos solos aun estando acompañados, y cómo recuperar el sentido del «otro» en un mundo que nos empuja al aislamiento.
- «Amar con los ojos abiertos» de Jorge Bucay: Ideal para quienes están en el proceso de «quitarse la venda» y necesitan aprender a amar a la persona real que tienen enfrente, con sus luces y sombras.
- «La danza de la ira» de Harriet Lerner: Una joya para aprender a cambiar nuestra conducta y modificar los patrones de una relación estancada, sin perder el equilibrio familiar.
- Marian Rojas Estapé: Te recomendamos sus conferencias sobre «La gestión de las personas vitamina», fundamentales para recuperar tu energía cuando sientes que el entorno te drena.

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